9 feb 2010

FREDDY KRUEGER EN LA COLA DEL PARO

Alerta con certeza Haneke en su última película, "La Cinta Blanca", sobre la simiente del mal que el ser humano alimenta desde su infancia y lo hace con terrible pulcritud, intensificando el desasosiego mediante la sospecha de lo que puede estar pasando, pero sin mostrar nunca lo que nuestras sospechas tardan en confirmar. El efecto que consigue Haneke es hacer mas incomprensible la violencia que anida en sus protagonistas, el mal que campa a sus anchas. Y todo se vuelve aterrador y sórdido y sordo.

En las antipodas del cine de Haneke, la saga de películas de terror iniciada con "Saw" en el 2004 apuestan por la violencia explícita, el kilo de carne, el inserto y una hortera estética de pseudo-sadismo. Son dos formas completamente opuestas de entender el horror y de aproximarse al mismo utilizando la gramática cinemátográfica. Mientras que la ausencia de información y la acción en off enfatizan una malsana inquietud en el espectador que ve "La Cinta Blanca", en "Saw VI", último capítulo del serial de asesinatos concebidos por el filántropo justiciero Jigsaw, se convierte en una explícita y obscena sucesión de atrocidades coreografiadas con torpeza que pretenden un rechazo visceral pero que enseguida se antoja infantil y trasnochado.

La polémica suscitada por la clasificación "X" a "Saw VI" podría incluso dotar, erróneamente, de cierta expectación por la barbarie concebida, pero una vez sufrida la experiencia, no existe ni un solo ingrediente que pudiera justificar tal revuelo mediático. No se ha dado un paso mas en la línea estética de la saga, que continúa abusando del inserto y el montaje lisérgico como marca de la casa y la concepción de los asesinatos es tan pàcata como en capítulos anteriores. La "X" pues responde mas una radicalización por parte de la audiencia que por la propia obra en sí, lo que nos lleva a un nuevo concepto de "censura" o en este caso, de "clasificación". "X" es todo aquello que incite o haga apología de la violencia en cualquier de sus manifestaciones (no solo sexuales), pero también aquello que pueda influenciar en su público potencial. La minoría de edad intelectual del espectador de este tipo de productos, pensados principalmente para el público adolescente, no es capaz de discernir a estas alturas de bombardeo mediático de las implicaciones psicológicas que conlleva la violencia que muestra "Saw VI". La "X" no es por la forma de trocear, taladrar, desmembrar a sus protagonistas, si no por la incapacidad de su público objetivo para interpretar esa violencia.

En lo referente a lo estrictamente cinematográfico, "Saw VI" acusa el desgaste habitual de este tipo de sagas alimenticias, enfrascadas en una rutina de la que ni el 3D será capaz de sacar. Sus argumentos están absolutamente agotados y estéticamente, apesta, como apesta también su reparto y su puesta en escena. Apela el guionista en esta ocasión a la crisis inmobiliaria y el conglomerado montado alrededor de la Sanidad privada en Estados Unidos y de repente todo se antoja grotesco y sin embargo, aterrador; y es que no hay mayor creador de pesadillas que la inseguridad, las regulaciones de empleo, la incertidumbre y la falta de cobertura de tu seguro médico. Como si Freddy Krueger se quedara en el paro y sin asistencia sanitaria para curarse las quemaduras.

Saw VI continúa sin fecha de estreno en España. Calificación: 0/10

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