En 1968 Pier Paolo Pasolini estrenó "Teorema" una película en la que distinguía a la nueva burguesía surgida del desarrollismo italiano de los años cincuenta y sesenta. Un trabajo deliberadamente inquietante, enfermizo y raro que supuso una importante ruptura estética con lo que había mostrado su cine hasta entonces. Paralelamente, Andy Warhol en Estados Unidos había comenzado a experimentar con el lenguaje cinematográfico, llevándolo a una hiperrealidad estética y narrativa inédita: el plano fijo de un hombre durmiendo, comiendo lascivamente un plátano o practicando una felación configuraban una nueva sensibilidad artística que de forma colateral influiría en el nacimiento del movimiento por los derechos de homosexuales y lesbianas. Poco a poco la figura del gay en el cine fue desprendiéndose de su amaneramiento y los roles de bufón o personaje torturado para ya en la década de los setenta acomodarse en las vistosas urbanizaciones estadounidenses de casa y jardín. Es decir, se acepta por fin al homosexual sin taras y exento de prejuicios (a pesar de Anita Bryant).

El estreno de "Un Hombre Soltero" recupera mediante una serie de herramientas estéticas que se podrían antojar anticuadas (proyecciones, primerísimos primeros planos, free cut) y narrativas (el profesor homosexual atormentado por la pérdida física del amante y la pérdida de la belleza que conlleva la edad) esa estética que tanto Pasolini, como Warhol o Reiner Wermer Fassbinder trabajaron en la década de los sesenta y los setenta. Tom Ford, director primerizo empeñado en el detalle hasta la exageración, describe con escrupulosa precisión los arañazos de la soledad en el mobiliario, el guardaropa y el corazón del protagonista, un profesor de universidad empeñado en quitarse la vida justo cuando el resto de la sociedad intenta salvarse de un hipotético ataque nuclear en los tiempos de la Bahía de Cochinos.

También intenta quitarse la vida el poeta Jaime Gil de Biedma, arrinconado por la soledad, por los años que golpean en el rostro y en la entrepierna en la arriesgadísima aproximación biográfica que Sigfrid Moleón ha realizado en "El Cónsul de Sodoma". Moleón explicita su discurso próximo a la pornografía, descarnado en sus erecciones, colindando con la caricatura. A ratos, por su puesta en escena, la dirección de fotografía, su fondo de armario aparenta uno de esos añejos sof porn patrios de finales de los años setenta; como si Emilio Linder, con barba de pega y peluca, saltara de cama en cama de Filipinas a Barcelona. Otras veces, mientras de Biedma recita su oda a la juventud perdida mientras contempla como su último amante y una adolescente bailan en la playa, quiere adoptar la trascendencia de Aschenbach cuando llega a venecia y descubre al joven Tazdio.
Son dos modelos en cualquier caso complementarios que rondan escenarios y sombras comunes (la noción de suicio, la ilusión por la belleza perdida, lo carnal mostrado con castidad en una y de forma obscena en otra) encontrados en dos finales inevitables. El profesor de la película de Tom Ford y el poeta en la Moleón, fracasan en sus intentos de suicio pero la Naturaleza (o la Muerte, siempre rondando), ajusta sus propias cuentas, reduciendo a migajas toda la tragedia, ausencia, silencio y dolor que te llevan a volarte la tapa de los sesos, abrirte las venas en canal, dejar de respirar.
Un Hombre Soltero se estrenó el día 12 de Febrero en España. Calificación: 4/10
El Cónsul de Sodoma se estrenó el día 8 de Enero en España. Calificación: 4/10
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